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Causas del éxito económico alemán tras la Segunda Guerra Mundial

31/07/2020

El profesor y presidente del Instituto Hall para la Investigación Económica de Alemania, Reint Gropp, explica que el modelo germano es diferente a los particulares de Reino Unido y Estados Unidos.

Mejor conocido como “economía social de mercado,” fue imprescindible para superar los shocks petroleros en los años 70’s y 80’s, el golpe de la reunificación durante la década de 1990, la recesión mundial en el periodo 2008-2009 y la crisis de la eurozona.

Alemania, en la actualidad, se posiciona entre los tres principales exportadores del mundo, con el crecimiento per cápita más alto de la era y un desempleo del 6 por ciento.

Causas del éxito económico alemán tras la Segunda Guerra Mundial

En los 90’s, bajo la influencia de la reunificación, el país ganó el apodo del “enfermo de Europa.”

El consenso determinaba que un sistema basado en altos salarios y activa participación sindical no duraría mucho en un mundo dirigido por la “deslocalización.”

La liberación mundial y avances tecnológicos facilitaron a las grandes compañías cambiar de un país a otro para encontrar mayor rentabilidad con costos salariales inferiores. Incluso las propias empresas alemanas comenzaron a migrar.

A principios del siglo XXI, el gobierno social-demócrata manifestó una serie de reformas que sus rivales categorizaron como “neoliberales” para avivar la economía nacional. Gropp explica que “su sistema está basado en la cooperación y consenso más que en la competencia. Abarca el conjunto socio-económico desde el sistema financiero al industrial o al estado.”

Los puntos más fuertes de la actual economía alemana son los siguientes:

Mittelstand’s

El sistema anglosajón se centra en maximizar la rentabilidad para los accionistas, teniendo como objetivo principal ganar a corto plazo; el modelo alemán, al contrario, es una estructura familiar con planes a largo plazo, responsabilidad social, regionalismo y una fuerte inversión en la capacitación del personal. Se considera la estrategia por excelencia en la historia del país.

La unificación nacional en la década de 1870 bajo Bismark reunió un estimado de 27 territorios, gobernados, en su mayoría, por la realeza que se formó aceleradamente y de forma autónoma en la revolución industrial.

Desde este punto de la historia, se formaron las Mittelstand, mejor conocidas como empresas pequeñas y medianas, que, de acuerdo a los estudios realizados, integran hasta un 90 por ciento de su economía actual. Estas organizaciones son eficientes con 100-200 personas, y, a pesar de su tamaño, muchas compiten en el mercado internacional, enfocándose principalmente en la exportación.

Exportaciones

El país se ha posicionado como uno de los primeros tres exportadores mundiales de las últimas décadas. Lo que apoya la capacidad del sistema alemán para entrar en el mercado internacional con un equipo laboral preparado, bien pagado y productos tecnológicamente avanzados.

Mientras el comercio mundial es dominado por las multinacionales, aproximadamente un 60 por ciento de todos los intercambios globales les pertenece; en Alemania, las Mittelstand controlan casi el 70 por ciento de las exportaciones. Los recursos más demandados se encuentran en la industria automotriz, maquinarias, medicamentos y equipos de electrónica.

Sin embargo, no todas son medianas o pequeñas empresas: en las más de dos mil corporaciones con mayores ingresos en el planeta, 50 son de procedencia alemana. Algunas de las marcas conocidas son Siemens, Volkswagen y Bayer.

Capitalismo y cooperación

La famosa “economía social de mercado” se originó en la Alemania Occidental de la posguerra, durante el gobierno demócrata-cristiano del Canciller Konrad Adenauer. Desde entonces, se ha catalogado como una “suerte” de política de estado.

El economista del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores alemán, Sebastian Dullien, afirma que la cooperación y el consenso están presentes en la jerarquía de la economía.

En el sistema financiero, las cooperativas financieras y los bancos públicos de gran prestigio procuran que el crédito se distribuya a todos, independiente de su cercanía con un centro financiero o tamaño de la firma.

“En el centro se ubican los sindicatos y la patronal que coordinan el salario y la productividad, teniendo como meta el incremento real del salario y los empleos sostenibles,” explica Dullien, “la integración es tal que, por ley, los sindicados son representados en la junta directiva de la compañía a cargo de las decisiones estratégicas.”

Los bancos públicos de ahorro poseen una clara visión de las reglas. “Para favorecer el desarrollo regional, pueden facilitar préstamos a empresas en su localidad, pero no a otra,” comenta Gropp, “el gobierno tiene representantes en cada banco que son imprescindibles en la toma de decisiones. Teniendo como principio rector de su política el mantenimiento del empleo.”

Esta filosofía permite superar una de las limitaciones del sistema anglosajón, en la que toda empresa pequeña o mediana que, en comparación a las internacionales, no tienen acceso a los mercados de capital, poseen mayores dificultades para conseguir financiamiento.

¿Qué nuevos conflictos enfrenta Alemania?

En los últimos años, muchos presumieron su éxito gracias a este modelo, aunque, detrás del milagro, hubo un gran aumento de la pobreza, mini empleo y subempleo.

Dullien comenta que “el lado positivo, es que funcionó y mostró un alto grado de adaptabilidad. Pero la reforma del sistema de seguridad social y el mercado laboral han acrecentado la desigualdad y la pobreza.”

La economía todavía presenta una serie de conflictos externos, tanto a corto plazo, como los problemas en China, que alteran de forma directa al sector exportador; como a mediano y largo plazo, comprendiendo que el índice de natalidad no es suficiente para su mercado laboral. Además de los conflictos internos.

Según un estudio del Instituto Hall, los bancos facilitan más préstamos durante un año electoral. Lo que provoca que la independencia de los bancos, compañías y gobierno favorezca la interferencia política.

“El país necesita un mejor modelo de gobierno,” asegura Gropp, “y este sistema requiere más libertad. No es correcto que un banco del Estado de Fráncfort, por ejemplo, sea incapaz de suministrar recursos al de otra zona.”

En medio de la gran revolución tecnológica, la economía germana no está respondiendo como debería porque tiene una estructura muy rígida. “El sistema es ideal,” comenta, “y tiene altas posibilidades de considerarse anacrónico si no se actúa de inmediato.”