Las personas que tienen un poco de ingenio y creatividad son capaces de convertir cualquier lugar en un hogar, y no en uno cualquiera, en uno acogedor. Hemos conocido a personas que han convertido una vieja furgoneta en una casa rodante preciosa, una torre de agua en una pequeña mansión, o incluso cómo unos contenedores de mercancía se convertían en casas agradables y acogedoras, ¿por qué no iba a funcionar del mismo modo una vieja fábrica de cemento?

Eso mismo pensó el arquitecto Ricardo Bofill cuando se encontró en 1973 con una vieja fábrica de cemento en las afueras de Barcelona. Era una fábrica que funcionó durante la Primera Guerra Mundial y que había cerrado posteriormente. Cuando Bofill la descubrió se enamoró de su estructura y de todas las posibilidades que tenía el edificio.

Eso sí, no iba a ser ni fácil ni barato. Como podréis imaginar, una fábrica de cemento es un lugar demasiado inhóspito como para convertirlo en un hogar acogedor fácilmente. Y después de tantos años abandonada, desde luego el proceso no sería barato. Ahora bien, con mucha paciencia y arreglando las cosas poco a poco, hoy, 44 años después, la fábrica de cemento parece algo totalmente diferente.

La fábrica era uno de los principales contaminantes de la zona, y Ricardo Bofill quiso darte la vuelta por completo

Añadió zonas verdes alrededor del edificio, dentro y también encima. La naturaleza se abrió paso por los techos y chimeneas

Muy poco a poco fueron mejorando el exterior y el interior del edificio. Haciéndolo habitable y confortable

Se aprovechan las zonas exteriores para el uso personal

En el interior se han dejado algunos elementos originales que dan personalidad y presencia al lugar

Su exterior, sin duda, más que una fábrica vieja parece un auténtico palacete

Cada habitación cuenta con un diseño exclusivo, en esta casa no verás dos iguales

A pesar de que los techos son muy altos, la decoración consigue que el lugar parezca acogedor

Se han respetado los espacios abiertos, el color de las paredes se complementa con altísimas cortinas blancas y el verde está presente también en el interior

Tratándose de un espacio tan grande, hay lugar para todo tipo de elementos

Parte de la residencia es ahora su estudio de arquitectura

Con el paso del tiempo ha conseguido ese efecto natural que buscaba desde el principio

Una lección de diseño y estilo que beneficia mucho a su estudio de arquitectura

Los lugares más prácticos acaban siendo los más frecuentados por la familia, como esta cocina-comedor

Sin duda la transformación ha sido muy grande, pero aún queda mucho trabajo por hacer

El propio Bofill compara la evolución constante de su casa con la evolución de su vida y visión creativa

La Fábrica, que es como se llama su casa, aún tiene mucho trabajo por hacer, pero es parte del encanto que tiene esta casa

 ¿O es que acaso a ti no te gustaría vivir aquí?

Fuente: Boredpanda, Ricardo Bofill